ANDRES WAISSMAN

EL ALFABETO PERDIDO 2004-2005

Cuando AW pinta una caligrafía nacida de todas las lenguas y de ninguna, bastarda, tal vez indecible y muerta para la comunicación (si se entiende el comunicar como un intercambio de sentidos que se pretenden fijos, claros) imaginaria y desconocida, logra, por un instante, situarnos en un lugar imposible, en el lugar del otro. Y así, ese trazar-otro es “legible” como la manifestación de que el respeto a la alteridad es, al mismo tiempo, crucial e insuficiente: es un no imprescindible, un no matarás, no destruirás, no arrasarás lo diferente; pero sobre todo, es el ensayo de un , de una “escritura” a la vez ajena y propia, mixturada, que nace en un gesto que se invierte, se trastoca, sale de sí llevándose consigo hacia lo radicalmente otro.

Estas obras de AW intentan el riesgo de un acercamiento a lo diferente, que la tolerancia por sí sola no es ni hace surgir, revelando que la dificultad, tal vez absoluta, de “ponerse en el lugar del otro” es a la vez la de asumir que ese lugar es el de sí mismo.

 


'
El pan de la vergüenza'
Técnica Mixta s/Tabla
25 x 60 cms.
2005



' El mensaje II '

Técnica Mixta s/Tabla
25 x 60 cms.
2004



'El Espejo'

Técnica Mixta s/Tela
42 x 64 cms.
2004



' Escrituras III '

Técnica Mixta s/Tela
120 x 60 cms.
2004



' Alfabeto III '

Técnica Mixta s/Tela
160 x 60 cms.
2004



' Voces I '

Técnica Mixta s/Tabla
25 x 60 cms.
2005



' La palabra '

Técnica Mixta s/Tabla
25 x 60 cms.
2004



' La palabra II '

Técnica Mixta s/Tabla
60 x 25 cms.
2005



' La palabra III '

Técnica Mixta s/Tabla
60 x 25 cms.
2005


' La búsqueda '

Técnica Mixta s/Tela
121 x 91 cms.
2004



' El oráculo '

Técnica Mixta s/Tabla
60 x 25 cms.
2005



' Letras ancestrales '

Técnica Mixta s/Tabla
25 x 60 cms.
2004



' Construcciones '

Técnica Mixta s/Tela
101 x 45 cms.
2004




' Escrituras '

Técnica Mixta s/Tela
120 x 60 cms.
2004




' Los orígenes '

Técnica Mixta s/Tela
25 x 60 cms.
2004




' Escrituras II '

Técnica Mixta s/Tela
120 x 60 cms.
2004




' El deseo '

Técnica Mixta s/Tabla
25 x 60 cms.
2004




' El enigma '

Técnica Mixta s/Tela
147 x 122 cms.
2004




' Nuestro tiempo '

Técnica Mixta s/Tela
122 x 61 cms.
2004


 

EL ALFABETO PERDIDO

por Florencia Gró

La serie de “tablas escritas” encierra el secreto del gesto de una “escritura” diversa; secreto que no llegamos a develar al decir que es un “escribir” muy preciso y mesurado en el cual, sin embargo, a veces ocurren inversiones (donde el trazo/la pincelada va de derecha a izquierda) y extrañamientos (en que la mano derecha del pintor diestro descansa para que la izquierda, habitualmente quieta, escriba color). Así, AW abandona momentáneamente los territorios habituales, en el intento de pintar, mirar, habitar, desde otros. Y podría tratarse tanto de la alteridad tal vez más extraña y distante, la del ser oriental (chino, árabe, israelí, palestino), para un occidental, como de la otredad que nos constituye, el “oriente” en nosotros mismos, nuestra mano izquierda, todo lo que no es del todo controlable.

Cuando AW pinta una caligrafía nacida de todas las lenguas y de ninguna, bastarda, tal vez indecible y muerta para la comunicación (si se entiende el comunicar como un intercambio de sentidos que se pretenden fijos, claros) imaginaria y desconocida, logra, por un instante, situarnos en un lugar imposible, en el lugar del otro. Y así, ese trazar-otro es “legible” como la manifestación de que el respeto a la alteridad es, al mismo tiempo, crucial e insuficiente: es un no imprescindible, un no matarás, no destruirás, no arrasarás lo diferente; pero sobre todo, es el ensayo de un , de una “escritura” a la vez ajena y propia, mixturada, que nace en un gesto que se invierte, se trastoca, sale de sí llevándose consigo hacia lo radicalmente otro.

Estas obras de AW intentan el riesgo de un acercamiento a lo diferente, que la tolerancia por sí sola no es ni hace surgir, revelando que la dificultad, tal vez absoluta, de “ponerse en el lugar del otro” es a la vez la de asumir que ese lugar es el de sí mismo. “No me es extraño ser el otro”, dice el pintor hablando de su infancia, del tiempo en que “ser judío”, sin llegar a comprender lo que esto significaba, podía ser motivo tanto de desprecio, como de sorpresa. Ser judío sigue siendo para él un preguntarse, la cara oculta del mundo, lo que resiste, la espera, el mago. Si bien dice que quisiera poder descifrar el arameo, en sus pinturas cifra secretos que atraviesa sin desocultar, sin destruir su opacidad. AW, que no es un estudioso de lenguas orientales, vivas o muertas, o de tradiciones místicas, parece trazar un lenguaje similar a aquellas, hecho de encantamientos, de fórmulas mágicas, de enigmas: “Aunque me engañe, creo que no pinto un mero juego de imágenes”. Y esto sugiere un universo con resonancias cabalísticas, no por tratarse de un riguroso ejercicio religioso, sino por tener en común algo de lo expresado en un principio de la Cábala, según el cual, la Torah es un texto absoluto, poseedor de todos los secretos del universo y de la Creación.

Lo que parece oculto en la “escritura” de AW tal vez sea esto último, el deseo de tocar el secreto de la Creación, como si los uniera –al cabalista y al pintor– la búsqueda del retorno a ese instante primigenio, siendo el texto mismo –la Torah o las tablas “…”– el instrumento de esa Creación. La Cábala insiste en el poder creador de letras, palabras y especialmente construcciones verbales que, al ser pronunciadas, dieron existencia al universo; así, por ejemplo “Resith”, la primera palabra del Génesis, no sólo significa “comienzo”, sino que realmente da inicio a la Creación.

“Una obra de arte debe obrar” (Ibram Lassaw). Algo de esto se percibe en la manera de obrar del arte de AW, donde la magia de sus conjuros no se abre en el ser dicho, sino en su inscripción y re-sobre-trans-inter-inscripción, producto del obrar de la mirada de los otros. Esta escritura obra en la medida en que no es un discurso acerca de otro discurso (aun los textos sagrados), sino un gesto primordial como quien grita, besa o sueña por primera vez (y así realiza la ira, el amor, el poder de imaginar). Las letras, las palabras, las frases, los párrafos, los textos, o las unidades que existan –de existir algunas–en la lengua que pinta, no son articulables mediante los sonidos, las entonaciones y los significados habituales . Son parte de un idioma extranjero para todos, en el cual, aquello que nos une poderosamente es el extrañamiento. Esbozan un mundo diverso, que ya no está dado como “común”, hecho de actos de expresión que nos preceden, donde a cada gesto o palabra le corresponde una significación ya establecida, conocida, que en vez de producir el acontecimiento de nuevas vivencias, evoca lo ya acontecido. Acaso éste sea un mundo por venir, en gestación, para el cual es preciso devolver la palabra a su silencio, a su ser antes de ser pronunciable, a la espera del gesto capaz de hacer nacer nuevas significaciones.

Ante el anhelo creador que para los cabalistas surge de la creencia en un texto preexistente, divino e inmodificable, el obrar de AW se distancia casi hasta lo herético, por asemejarse más a Dios que al cabalista, por cifrar, en lugar de rondar trabajosamente los desciframientos. Pero a la vez, su gesto se revela más finito que cualquier búsqueda cabalística cuando descubrimos que cifra secretos sin poseer, según dice, las claves de su desciframiento, o que su manera de preguntarse por aquello que debería ser descifrado es el cifrar mismo.

Esta serie de tablas lleva el nombre de El alfabeto perdido . Cuando Dios comenzó a dar los Diez Mandamientos, Moisés debió realizar una suerte de reescritura de la palabra divina, porque la Aleph de “Anokhi”, “Yo”, al contener en sí todas las demás letras y toda expresión y vínculo posible con la realidad, desbordaba un poder desmesuradamente inhumano. Las Tablas de la Ley son su traducción humanizada.

Pintar una escritura –y no solamente escribirla– permite construir un lenguaje distinto a los conocidos, especialmente porque su relación con el espacio-tiempo, es otra. No hay una linealidad, un antes y un después fijos, de determinadas letras, que vayan conformando otras tantas palabras, delineando así sentidos más o menos unívocos, sino que, sobre todo la “lectura”, puede llegar a liberarse de lo sintagmático, ya que éste es un lenguaje donde una multiplicidad de significaciones posibles son abiertas en las formas, en las imágenes mismas (sin referir a un afuera), permitiendo que la mirada “lea” lo simultáneo, en vez de someterse a lo sucesivo, donde un todo –la totalidad aún paradójica, “parcial”, que es el cuadro– emerge ante nosotros primero en su “unidad” , sin necesidad de la integración de partes elementales que vayan, una a una, conformándolo en uno u otro recorrido, también posibles. Se parece más al Aleph creado por Borges en el cuento del mismo nombre, que a la escritura con la que Carlos Argentino Daneri, el personaje que lo descubre, intenta describirlo, enumerando una tras otra las partes de lo infinito, sin término y, sobre todo, sin abarcar jamás la inconmensurable complejidad de su visión.

Sostener que una forma de arte excluye o debe excluir a las demás, como cualquier prejuicio, sólo habla del cansancio estético, del agotamiento de los sentidos, de la inteligencia y de la vida, en un ser. AW, pinta como vive, pluralmente, desde su apertura a lo diverso, pinta desde estilos que se dirían contrapuestos, y que no se suceden como distintos períodos en una suerte de desarrollo progresivo hacia… sino que conviven deviniendo en sus manos, cada vez, en una obra singularmente atravesada. Neo-abstracto, trans-abstracto, des-abstracto…Tal vez lo único más abstracto que la letra sea, no la figura, sino el número (acaso el cero o alguno de los números que dicen referir el infinito), y estas letras pintadas serían máximamente abstractas, porque no sólo no constituyen la representación de un alfabeto ya existente al que intentarían figurar sino que tampoco funcionan como los lenguajes tradicionales, comprendidos como una arbitrariedad finalmente pactada para producir sentido. Otra vez, un acercamiento a la Cábala, no tanto por su lenguaje necesario, donde toda arbitrariedad queda excluida, sino porque cada letra y cada palabra tendrían –o recuperarían en la obra de AW– una significación y una potencia propias, por las que este alfabeto participa de una forma originaria e inquietante de abstracción , la que irrumpe en la realidad; como en lo abstracto de los nombres de una fórmula mágica deviene concreto lo impensable. La fórmula mágica creadora es fuertemente abstracta, pues no refiere, ni siquiera mediante la convención lingüística, a nada real existente en el universo, pero su abstracción deviene plenitud, porque al referir a lo inexistente lo trae a la existencia. “Abracadabra”. Silencio donde pueda aparecer lo no visible, lo inesperado (lo que se espera inevitablemente y sin saber cómo), sin llegar a visibilizarse por completo (adentrándose en el orden de lo real o desapareciendo).

El texto total potencia interpretaciones múltiples, según la capacidad intelectual y mística del iniciado. Sería un acto irresponsable presentar abiertamente fórmulas que encierran en sí los secretos de la creación para que todo lector pudiera descubrirlos en el instante de pronunciarlos. Rabí Eleazar dice que la Torah no está en orden porque si lo estuviera, cualquiera que la leyera podría hacer milagros y resucitar a los muertos, sólo Dios conoce el orden verdadero.

 

Teniendo en cuenta que la Torah no está dividida en secciones ni en versículos, y que las palabras ni siquiera tienen los puntos diacríticos correspondientes, el texto puede someterse a “decenas de miles y miles” de interpretaciones, que apenas aparecen aludidas en las letras.

 

Versículo Éxodo 33, 20: “Y le dijo Dios a Moisés: No podrás ver mi cara”, lo que la Cábala interpreta como “No podrás ver la unión de las letras ocultas, de las luces que brillan desde su origen”.